La Bisagra

Pitos de plata dormían,
los trenes habían abandonado
ese vivir allá abajo, quebradizo.
En la brisa vacía, de electricidad sin consumirse
él estaba allá, más adelante en algún lado
y yo
en mi uniforme color azul balde de plástico
tenía miedo.

Los teléfonos de emergencia los habían descolgado —
una disfunción sistémica, los nervios subidos hasta traquetear.
Repetidamente,
durante semanas. ¿Él o ellos?

De nuevo esa noche, 3 am, en algún lugar del subterráneo
cerca de mí (he perdido mi) Cuarto de Control.
Cigarrillos terapéuticos, café que enfría.
Me fui, a efectuar un arresto.

Había razón para temer-
el lituano de litio
sentado en silencio, no esperaba ningún tren
hasta que empezara el tiempo-rugido.
También ‘conocí’ a George en el andén…
el gigante sicópata sin pelo ni brazos
lucía una falda vasta y florida para poder
orinar & cagar sin ayuda.
El viejo y malicioso Peter también, amaba a su dios
y a cualquier chiquillo a la intemperie.
Estas islas quebradizas
por encima del flujo de pandillas que se rascan sin muchachas
con todo el odio que ese sábado

había vomitado…………………………………………………………
sobre sus blue jeans……………………………………………………

Las estaciones de tren nadan en información sucia y nerviosa
que los meros pasajeros no advierten.
Inhumados, a través de la garganta de la noche,
alta marea de vacío,
costillas de restos de iluminación fluorescente
así mis pies
entre las margaritas de polvo
mientras las ratas se trasladaban a través de lo vacuo
colgado sobre una línea de la ciudad.

El olor de asbestos cocinado, mojado
bajo concha marina compactada. La vida es un rumor.
La rosa doppler de los trenes que pasan y señales encendidas, esto es la sangre
racionada de estos gusanos disecados, invertidos.
Estos túneles necesitan pasaje,
el acero inoxidable es el lubricante.
La ausencia vuelve cada superficie
escamada y dolorosa. Los rieles se flexionan- en duelo, encadenados.

Están las estelas, vestigios de conversaciones.
La gente los bota &
quedan atrapados bajo tierra.
Recámaras vacías murmuran hasta el amanecer;
sus sueños impuestos son tonos de llamada,
esquirlas inacabadas de trabajo, rupturas,
salvajes complots o moda.
Siempre me mantuve en silencio mientras vagabundeaba por ahí.
Nosotros que caminamos en el vacío
no osamos alimentar
esta necia cacofonía.
El discurso debería recogerse
apenas se gaste-
como un desfile de confeti
con barrenderos pisándole los talones.
Aire teñido,
me infecté y me curé en la inercia.

Temblor de ozono. Hay movimiento adelante-
se nada- …….mi antorcha (un arma)
hizo su propia madriguera
al final de la cual una figura
en un giro sin dirección, la muñeca temblorosa de este contacto.

Resistimos ociosamente
el gruñido hambriento de sifones,
un dúo de enfoques
dos bengalas luminosas de carne.

No hay clima aquí
la luz se ve obligada a acurrucarse.
Hay agua —
fuentes olvidadas consagran la angosta biología
que nunca come sol.

El cableado se inquietó
en el panqueque de aire viejo.
Colmenas de oscuridad enjambran la distancia.
Acercarse a un hombre así —
ojos despellejados dedos despellejados pies despellejados en chanclas —
esfera de horarios oxidada.

Era lo que suele llamarse un ‘indigente’
no poseía nada (tomo incluso esta historia como mía)
mi ‘arresto’ (sencillo como guantes de maquinista), piensa,
dije cinco palabras,
apenas registradas en el ruido sombrío de su mente sin tratamiento.
Lo atrapan. Me atrapan. Nuestros roles
no se extenderán. El poder huye &
la inteligencia no es bálsamo.

Bajo tejados de nube, tres capas de tiempo
un celofán como noche & nuestra práctica siendo
lo que nos llamamos. No hay elección
(la excusa habitual).
Lo sentaron
en una silla de vinilo resistente en la oficina de seguridad
una esperanza mugrienta y doblada. ………..La policía
le rompió la cabeza
contra un escritorio gris que le hacía juego.

Uno de ellos, rubio corpulento & aireado de acción
me preguntó si me lanzaba
tuve la fuerza para no aceptar,
espasmo de estornino,
la debilidad para no intervenir.
Usé mis excusas en pánico
la hora (aún en catéters de concreto, las venas de la noche)…
No hubo ensayo.

Todos nuestros días están numerados
fracaso moral ……………….vecindades impotentes.
Regueros de moco
El ‘indigente’ goteaba asustado y llorando
la patrulla pensó que la solución era simple,
Es inútil presentar cargos contra estos Indigentes de mierda
TÚ nunca (golpe)
volverás a la estación Central
(golpe)
¡de nuevo!
(golpe)

Otro momento rebotó hacia
la continua pesadez
como piedra sobre aire, vidas de último turno sobre las líneas.
quietas o agitándose,
nuestras manos culpables.

 

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