La Liga de Mujeres Hermosas

No creas que sus escudos son espejos.

Mis mujeres rugen,
Adoro sus feroces dientes blancos.
El maquillaje se quiebra en pedazos sobre una carcajada,
ellas conspiran con miradas fijas arraigadas en matera
luego marchan escalas abajo sin
tambaleo, varita ni traspié.

Enfundadas en la negra tela de fuego & escritorios;
Orgullo merecido. Extrañas, socias extrañas
ellas adoptan sus heridas.

Ninguna esposa, mucama, monja ni mamá se ha amaestrado;
A veces bajan la cabeza
Pero sus cerebros devuelven puños.
Nosotros sus hijos pomposos despreocupadamente pisoteamos
el parqué peligroso.

Hay más dices tú,
y seguro estarías en lo cierto. Pégalas a tu oído
luego escucha el mascullar de las olas. Demente como los hombres,
la placidez es la intención sobornada. Ellas están por todas partes,
como las farolas, iluminan al azar al moverse
& a veces eligen iluminarte.

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